El airé esta frío, últimamente el clima ha ido como loco, a veces llueve, otras hace un calor espantoso y luego corre un viento helado que te hace doler los huesos… como hoy. El tipo del clima parece cada día más desesperado, se le amontonan las palabras en la boca cuando da el pronóstico del tiempo y yo me rió, pensando en lo idiota que es al no cambiar de una vez por todas ése maldito empleo. No entiendo esa manía de la gente por acaparar siempre la atención de otros por medio de salir en la televisión, esa pequeña y desgraciada caja destruye imaginación, si algún día tengo hijos, prometo nunca comprarles una.
Soy escritor, mi última novela fue una mierda porque dejé que las influencias extranjeras ocuparán espacio en mis relatos, pensé demasiado en lo que le gustaba a la gente y poco en lo que a mi me gustaba, siempre me reí de aquellos idiotas que escribían sobre el tipo de historia de moda, vampiros, magos… toda esa porquería, y terminé formando parte de ellos, mirando las vitrinas de las librerías y escuchando las conversaciones de las estudiantes que tomaban el tren conmigo para saber qué debía escribir y de qué forma. Finalmente, escribí un libro de doscientas páginas, con relatos ajenos y alabando cosas que no me gustan y en muchos casos escasamente conocía, sé que es una vergüenza, pero por lo menos es mi vergüenza y no ah sido copiada o inspirada en otras de gente ajena.
La primera de mis novelas tuvo éxito, seguramente porque la escribí en la flor de mi adolescencia, hablando sobre como mis hormonas se volvían locas con tal o cual muchachita, quejándome de todo y no intentando nada, la gente se sintió identificada con mi forma de ser y escribir, maldiciendo todo y exigiendo cosas que no merecía, logré formar parte de aquella sociedad en conjunto, pero, ahora soy un extranjero en este mundo donde todos caminan y viven como máquinas, guiados por la señalización de las calles y las propagandas que adornan la ciudad, soy el único que busca alejarme de esto y caminar por mis propios caminos.
Cuando me fui a vivir solo, mi madre dijo que estaba muy joven y que mi vida sería horrible si no lo reflexionaba con más tiempo, pero ella no vivía en mi cabeza, así que me despedí sonriendo y cerré la puerta de la que desde ese momento empezó a ser la casa de mis padres. Yo había planeado mi ‘huída’ de casa desde que tenía casi diez años, no me gustaba tener a mis padres vigilándome todo el día, ni a mi hermana intruseando mis cosas, eso no era para mi, yo era una alma solitaria entre un grupo de personas que creía entregar amor a base de invadir el metro cuadrado de los otros, claramente, nunca se los dije y, nunca pude borrar esa teoría de mi mente, era Mi Teoría, la Teoría que me permitía vivir y me hacía sentir un completo científico, aún cuando terminé siendo un escritor.
Últimamente, mi vida se reduce a escribir sobre todo, de las migajas de pan en la mesa, las arrugas del sofá de cuero, la luz reflejada en el techo de la casa del perro de la vivienda que hay en la esquina de mi calle o incluso del cabello quemado de alguna chica que camina enfrente mío en la vereda de alguna avenida.
Tengo dos lugares para escribir, mi casa y el café “Addicted”.
Como soy un hombre del nuevo milenio, me compré una Laptop, al principio, me uní a ese grupo de amargados que decían que jamás cambiarían el papel por una pantalla plástica, pero ahora, a veces incluso odio escribir en papel, porque mi caligrafía es horrible, y a veces no soy capaz de entenderla.
Addicted es un lujo, es moderno, elegante, pequeño y muy privado. Es como mi lugar secreto o mi guarida, si yo fuera un niño o un superhéroe supongo que vendría aquí a esconderme, porque me encanta el olor a café y pasteles, y el ambiente liviano donde todos ríen y se tratan con confianza, lo único que no me gusta es Kisaki, el mesero.
Es un completo estúpido, siempre esta quejándose, quizá leyó mi antiguo libro y por eso sonríe a mi llegada, se acerca a pedir mi orden, y empieza a hablar… cotorrear, si soy más realista. Luego esta Die, se confía demasiado, eso me desagrada, pero es simpático y siempre se burla de Kisaki, eso me encanta. Por último, Shinya, y lo pongo al final, porque es el que más me gusta, siempre callado, reservado y sonriendo solo cuando es necesario, es una persona con clase, sabe vestirse y comportarse de acuerdo a las situaciones, intenta mantener el control incluso con el idiota de Kisaki.
Mi vida transcurre tranquila, a veces consigo distraer a Kisaki, o alguien descubre el café y entra, alejando al mesero de su parloteo, y puedo empezar a dejar que mis pensamientos fluyan. El lugar es perfecto, solo… bueno, debo salir de el para fumar, tiene mesas afuera y eso es bueno, pero cuando hace frio… apesta, no literalmente, claro, pero es realmente desagradable. Shinya es muy estricto con respecto al cigarrillo y lo respeto, pero eso no evita que aquello reste puntos en mi perfecta imagen del él.
- Fumar es malo y el olor es horrible – me dice cada vez que puede
Tienes razón, pero el tabaco es mi vicio y prefiero fumar a inyectarme heroína.
Visito el café mayoritariamente los días lunes, miércoles y Jueves, el martes veo a mi editor y el viernes es un día en el que aparece mucha gente, cosa que me desagrada. El restó de mi tiempo lo ocupo en mi casa, fumando, buscando qué escribir, viendo alguna película o leyendo libros, soy una persona simple y aburrida, casi un ermitaño, que solo se preocupa de vivir. Creo que en el fondo todos quienes me rodean son así, casi como robots o zombis, caminando de sus casas al trabajo y viceversa, lo único que nos diferencia es el tiempo de ocio, a veces yo quisiera trabajar en una oficina y volverme un poco más humano gracias al contacto con los humanos, pero realmente terminaría desempleado y conviviendo con vagabundos, que no me desagradan… pero tampoco me agradan.